La realidad de los inversionistas “Ángeles” de nuestro país.

Expertos y protagonistas del área del emprendimiento e innovación analizan cuál es la realidad de este tipo de inversionistas en nuestro país y qué falta para que realmente podamos decir que tenemos un buen nivel de ángeles dispuestos a financiar startups.

“Temporalmente fuera de servicio”. Es la frase que se lee en la página principal de Ángeles de Chile (www.angelesdechile.cl), iniciativa que nació bajo el alero del Centro de Emprendimiento de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile y cuyo sitio web dejó de actualizarse el 2011.

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Esta anécdota virtual puede ser una fotografía de un tema que aún no despega o no se entiende bien en Chile: el de los capitales ángeles.

Antes que nada, es importante aclarar la diferencia entre los “ángeles” y otro tipo de inversores o sistemas de financiamiento para startups, especialmente el denominado “venture capital” (VC).

Por definición, el VC utiliza fondos de terceros para invertir en un proyecto. Son entidades que manejan una red de contactos y deciden dónde es mejor poner las fichas. Por su parte el ángel utiliza su propio dinero. Puede que reciba consejos de otros, pero finalmente es él quien decide a que startup apoyar. Obviamente, ambas figuras tienen como objetivo obtener una ganancia. Pero los ángeles por definición serán un poco más cautos a la hora de abrir el bolsillo.

Según, Mariano Rauni, co-fundador y director ejecutivo del Club de Business Angels del IAE y creador del blog inversorangel.com, un VC puede estar esperando una tasa de retorno de un mínimo de entre 30 y 35%anual.

Allan Jarri, fundador y director de DadNeos, una firma especializada en invertir capital semilla en startups, estima que la principal motivación de un ángel debería ser ayudar al emprendedor, “el cual tendrá por lo general la mitad de la edad que él. Y no sólo requiere de su capital (entre US$25.000 a US$50.000), sino que mucho más que eso. Necesita su ayuda, redes, conocimiento, consejos y no de algún control que termine ahogándolo”, comenta Jarri.

Jaime Soto, presidente de la Federación Chilena de Asociaciones de Innovación y Tecnologías – FEDIT Chile, cree que los ángeles son una buena apuesta para los emprendedores que buscan capital semilla o fuentes de financiamiento, ya que es difícil para ellos encontrar financiación bancaria. “Sin embargo, es un riesgo para ambos lados, ya que algunos ángeles piden una buena rentabilidad y ser parte de la empresa. En este contexto, la startup chilena debe tratar de encontrar inversionistas que sean de grandes compañías y promotores del networking y del mentoring, para ayudarles a superar brechas de penetración de mercados y posicionamiento.”

LA REALIDAD LOCAL

La historia de los ángeles en Chile, como muchas cosas, tiene mucho de artesano. Han nacido iniciativas atomizadas, fomentadas por el entusiasmo de ciertas personas. Un caso es el del empresario Fernando Prieto con la creación de Southern Angels.

Santiago Angel y Chile Global Angels son otras experiencias que han tratado de gatillar más fuerte a este sector. Incluso, la red Mentores por Chile también ha sido importante. “Pero estamos lejos aún del dinamismo y sofisticación de la industria del capital de riesgo que requiere nuestro ecosistema para competir en la ligas mayores”, comenta Jaime Arnaiz, gerente general del Instituto 3IE, incubadora de negocios de la Universidad Técnica Federico Santa María. Y agrega: “Creo que los incentivos generados por Corfo han sido pertinentes, facilitando la generación de redes de capitals angels y fondos de capital de riesgo. Es una industria que aún está lejos de su consolidación, pero hay buenas experiencias”.

Para Sebastián González, subdirector de emprendimiento del Centro de Innovación UC, Anacleto Angelini, medir el crecimiento de los ángeles en nuestro país no es fácil. Sobre todo porque las inversiones muchas veces no se hacen a través de una red, sino de manera directa. “Eso sí, hay mayor cantidad de experiencias de inversión y surgimiento de negocios que levantan capital de forma temprana. En relación a las redes o clubes de ángeles, vimos un auge a fines de la década pasada producto de apoyos públicos, el que posteriormente declinó por falta de relevos en estas organizaciones y por cambios en la política pública, que dio más énfasis hacia el capital de riesgo”.

POCO ARRIESGADOS

En general, todos los entrevistados concuerdan que las iniciativas de las agrupaciones, más el apoyo de Corfo ha incentivado el tema. Pero el gran problema es ¿realmente la idiosincracia chilena permite la generación de ángeles?

Jarri, de DadNeos, es bastante lapidario: “En Chile simplemente no hay inversionistas ángeles, existiendo algunas excepciones de particulares bajo una filosofía angelical verdadera. El resto son tipos con dinero, que ven una oportunidad y que invierten queriendo tomar el control del proyecto, ahogando la creativa energía del emprendedor. Y peor aún, mirando el desarrollo (o no) de su última inversión, sentado desde su oficina en El Golf”.

Para Arnaiz, del Instituto 3IE, en general se trata de ejecutivos o empresarios que han estado vinculados a la industria tecnológica más que al área financiera. “Pero aún existe una importante resistencia al cambio y al riesgo. Si bien es cierto hay un creciente número de capitals angels invirtiendo en etapas tempranas, la mayoría busca hacerlo en iniciativas que ya están avanzadas”, apunta.

En la misma línea, el subdirector del Centro de Innovación de la UC agrega que el ángel local es muy parecido al latino en general. Principalmente invierte en algo que se ha realizado en otros lados y ya está probado. Se trata de un ejecutivo que hace estas inversiones fuera de su trabajo.

Según Juan Luis Núñez, gerente general de Fundación País Digital, existen cuatro grupos de este tipo de inversores a nivel local: Emprendedores antiguos que tuvieron la oportunidad de vender sus empresas/startups y ahora buscan invertir en nuevos negocios; ejecutivos chilenos de empresas nacionales y transnacionales que buscan emprender; ejecutivos retirados en busca de inversión en startups; y ejecutivos de empresas multinacionales.

En conclusión, el ángel chileno prefiere poco riesgo y toma esta actividad como algo extra programático a su trabajo principal.

¿CÓMO MEJORAR?

Detrás de toda crítica tiene que haber una propuesta. El sector de la innovación y emprendimiento en Chile reconoce que en los últimos años se ha dado una apertura al tema de los ángeles y de los instrumentos de financiamiento en general. Esto, gatillado en parte por la iniciativa Start-Up Chile de Corfo.

Sin ir más lejos, la entidad cuenta con más de 750 startups funcionando, además de crear una comunidad emprendedora, atrayendo nuevos inversionistas y aceleradoras de todo el mundo. Para dar un ejemplo, según esta entidad, se han escrito más de 3.000 artículos sobre Start-Up Chile en medios como Forbes, The Economist, Exame, the Huffington Post y O Globo en todo el planeta.

Para Jarri, el crecimiento de este perfil de inversionistas tiene relación con el cambio cultural que logremos crear en los próximos meses y años. “Nosotros estamos en una cruzada por generar ángeles verdaderos en Chile, a través de la transformación (evangelización) de inversionistas tradicionales o del siglo XX, en inversionistas del siglo XXI, dispuestos a asumir riesgos reales”.

También es clave los efectos positivos que debería tener en los próximos años la Ley de I+D, además de comunicar mejor la labor de las incubadoras y aceleradoras a los códigos y expectativas de los inversionistas nacionales.

El representante de la Pontificia Universidad Católica estima que, mediante la formación, se puede aumentar la preparación e interés de personas de alto patrimonio para que puedan abrirse al mundo de la inversión hacia el emprendimiento. “El juego cambió en los últimos cinco años, y así como ha surgido un emprendedor más ágil que combina coraje con aprendizaje validado y análisis continuo, debe existir un inversor que actúe con esa perspectiva”, apunta.

Bajo un argumento similar, el académico de la USM cocnluye: “Pienso que el salto definitivo se logrará cuando los grandes grupos económicos decidan destinar un porcentaje significativo de sus inversiones al financiamiento de proyectos tecnológicos de alto potencial”.

 

http://especiales.pulso.cl/impulso/despliegue.html?id=40811

 

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